Es cuestión de hablarlo

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A veces ocurren cosas igual de dulces como fatales. Levantarte y que aparezca todo nevado, no saber qué decir cuando te sonríe o construir una bonita torre y derribarla. Dormir a baba suelta en una cama que no es la tuya. Comer para curar el interior y que te acabe doliendo el exterior.

No saber qué viene después, ser tú quien empiece a hablar, hacer un camino de diez minutos en dos, que el corazón te vaya como el batir de las alas de un colibrí.

Acostarte con tu ex, que no sepas ya distinguir si llueve o sigues llorando, que te dejen pasar primero y se estropee la máquina. Que pierdas tu autobús y en el siguiente vaya esa persona. Que sigas usando la misma camiseta podrida que le gusta. Que sea cuestión de hablarlo.

Que se caiga jugando en el parque y solo te busque a ti. Hacer un Skype a miles de kilómetros. Leer cien veces la misma carta de despedida. Quedarse atrapados juntos.

Llevarte a la estación.

Tu soledad y la mía. Mi boca y la tuya.

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