Contigo en la playa

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Hay diez minutos al día, justo antes de ir a trabajar, en los que puedo morir. Voy en bici, atravesando rotondas, esquivando camiones, sin ojos, sin manos, con música. Sin estar realmente. No presto atención porque son mis diez minutos más felices del día.

Porque cuando realmente muero es después. Sentada, escribiendo en una oficina. Muriendo por mil euros a ocho horas diarias. Pero no te quejes que hay horas que no encuentran personas; que hay personas que no hallan sus mil euros por los que morir.

No, no me quejo.

Sueño que estoy en el mar, contigo en la playa. Sueño que no eres idiota perdida. Y que yo no soy una tirana, ni una pendeja pusilánime. Que no te falta inconsciencia y que me sobra autoestima. Fantaseo con que no eres una cobarde, ni yo una tarada. Imagino que me caes bien y que nos reímos.

Y me baño y me seco al sol, y me vuelvo a bañar. Y me salgo y ahí estás tú en la toalla, y hay cerveza y cosas que podemos comer. No hay casi gente y eso nos gusta más. Me pongo las gafas de bucear y no vuelvo por un rato. El bikini se me cae cuando nado muy deprisa. Y tú escalas las rocas sin hacerte daño.

Contigo en la playa es no morir y darle la vuelta a todo. Para que solo haya diez minutos al día que no me gusten. Justo antes de despertar.

 

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