Lunes antes de almorzar

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No se queden, no se unan a nadie ni a nada, no piensen, pero sobre todo no sueñen. No sueñen con lo mismo que viven, no sirvan mesas dormidos, no se hagan cortes ni preparen bebidas desde la cama. Algo no marcha bien.

No quieran a nadie si no van a admirar a todos, no se atrevan siquiera a sonreír a los extraños cuando están por lastimar a los conocidos. Aunque sea uno; siempre bastó uno para cambiarlo todo.

Váyanse lejos cuando no vean más luz, cuando solo quieran hablar de literatura y no encuentren a nadie en derredor. Cuando no tengan tiempo para escribir, para bailar o ver llover, cuando se les queme la pizza en el horno, cuando no sepan si es martes o domingo, cuando no hablen más consigo mismo, cuando sea lunes antes de almorzar. Cuando estén tan tristes que parezcan constantemente dichosos.

Háganlo sí, porque luego empezaran a llegar tarde a todos lados. Tendrán que correr a cada instante para poder siquiera pensar en llegar, para no perderlo todo cuando no tenemos nada.

 

 

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