Los muertos que nos dan la vida

A seis versos la hora no se vive. Sé las diferencias entre los verbos ser y estar en tres idiomas, pero no puedo distinguir si estás o si eres; no soy capaz de ver cuánto te he querido. Los días pares pienso que te aprecié en exceso y demasiado poco los impares. No te llegan ocho besos por día para subsistir, y huyes. Soy traidora a la patria, nadie iba a quedarse a esperar perecer. Los muertos que nos dan vida no lo permitirían.

Qué largos son algunos momentos. Qué eterno cuando sangras, cuando lloras; cuán largo cuando pierdes algo sabiendo que nunca lo encontrarás de nuevo. Que no va haber más peleas. Ya no tengamos pena.

Seis versos por hora, cuando aún regían las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, no eran nada. Y ahora, sin ti, menos.

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