Dos mujeres que se aman

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Nadie era amigo de Ann Marie. Un día que iba a hacer la lista de la compra se murió de la droga y a partir de ahí dejó de drogarse. Ann Marie antes era una drogadicta pero luego compró un ordenador de segunda mano y empezó a escribir. Llevaba un diario póstumo y comía solo cuscús. Todo el rato. Cuscús con verduras, con pesto y con pollo. Con tomatitos cherry y curry. Y a veces solo con cebolla.

Antes de afiliarse al Café Kino Ann Marie pasó meses trabajando en toda clase de restaurantes, pero siempre acababan por echarle. No encajaba, y nadie la quería en su plantilla. No había manera, pobre Ann Marie se pasaba el día buscando trabajo para luego encontrarlo y un par de días después perderlo; y no siempre cobraba.

Pero a ella todo le servía e inventaba un montón de historias con nudo como desenlace. En el Café ya la conocían porque era la de los dos jerseys. Es que no tenía más. Había llegado sin maleta porque como antes era drogadicta temía tener muchas cosas a las que poder coger cariño. Tampoco le gustaban las papeleras y le daban miedo las rodillas, se doblaban siempre de una manera tan extraña.

Ann Marie estaba contenta de no haberse muerto de la droga y de poder tener un ordenador de segunda mano donde escribir con tildes. Había creado una historia de dos mujeres que se amaban y la estaba ilustrando.

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