Mis padres machistas

2012-12-27 18.31.04

Mis padres eran machistas así que sólo salvaron a mi hermano. Ignacio tuvo todo; un disfraz de Chewbacca, una linterna con varias funciones y rayo láser, uniforme y excursiones a Madrid. Regalos de compensación y de felicitación, dos tijeras y un montón de revistas. Cuando se cansó de las revistas y una de sus tijeras, que no cortaban bien, las heredé yo. Empecé con collages y acabé entre mujeres desnudas con tatuajes.

También tuvo nada, Ignacio nunca tuvo que hacer la cama ni poner la mesa, nada de hora para volver ni excusas para salir. Claro que, cuando su novia lo invitó a su casa de San Sebastián y le dijo que pusiera la mesa, Ignacio se desmayó y llamaron a mamá. Fueron a buscarlo en coche. Con los años incluso mi madre le dejaría el Cadillac. Pobrecillo.

Él nunca montó a caballo ni condujo un Ford en Italia, no tuvo que esperar al tranvía ni se mareó en transporte público. No cruzó Francia en autobús ni se pudo poner una camisa rosa. Nunca le invitó a cenar una chica y ni siquiera pudo llorar en el cine. Ser machista es duro, tienes que estar siempre pretendiendo y alardeando. Y sin embargo acabas siendo pequeño y corto, abandonado entre dos grandes conflictos. Como las infancias en México, que lidian entre dos montañas. Pero nadie repara en ellas.

Mi madre es más machista que mi padre, pero mi padre no compite. Se lo prohibió el médico porque estaba empeñado en ganar a todo y, claro, uno no puede ganar a penas y alegrías por igual. Así que la mayoría de las cosas le llevaban al borde del infarto.

Al ser mis padres machistas mis amigas y yo íbamos a mi casa a divertirnos; nos sentíamos como hippies ante un escuadrón de la guardia civil. Bueno, íbamos también por los pastelitos y los canapés, que éstos padres machistas míos se reunían cada domingo para comentar y decidir cosas de su religión.

Fijaban el toque de queda y los centímetros de la falda, es que la mayoría tenía estudios superiores relacionados con la teoría de cuerdas. Todo era un tira y afloja.

Pero al final es como siempre, que tienes dos opciones, tomarlo o dejarlo, como las lentejas. Así que dejamos la falda como estaba y nos tomamos un par de chupitos y la justicia por nuestra mano.

Brindamos por todos los que caerían en combate.

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