Dar la mitad para no darlo todo

hResulta que siempre había estado equivocada. No tenía los ojos color miel, sino caca. Un seis y medio no era notable, no había sabido aguantar más de un mes en aquel sitio inmundo, no se le daba bien estudiar y aborrecía aplicarse sin pasión. No era una progre anticonsumismo que odiaba la Navidad, sino una vacía de amor. Estar en el hospital no era algo guay que contar después, alimentarse por suero apesta y el calor de allí pudre las ganas.

Desaparecer no arregla nada. Picar entre horas no es comer menos luego. No perder la esperanza no pasa por ser idiota. Hablar con desconocidos es genial, pero siempre preferirías la voz que extrañas. No hace falta dar la mitad para no darlo todo. No importan las veces que hayas estado castigada, ni las tantas que no. Todo es irrelevante, y ni siquiera lo parece.

Ya no sabía escribir, así que paró y dejó que otro año pasara. Pronto llegaría otro más.

Poco importaba ya.

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