Por si no te dicen que he muerto

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Si te lo pedía no cantabas, pero si no te decía nada, si hacía como si no te viera, tú empezabas a mover los dedos al ritmo de El Cigala. Entonces yo sonreía, pero no dejaba que lo vieras. Y luego, más adelante, cuando las mañanas eran nuestras, tú sacabas tu móvil y ponías música.

Cada vez una distinta, pero siempre flamenco, o eso me parecía a mí que no entiendo mucho. Contigo descubrí a Miguel Poveda, Gema Cuéllar, Vanesa Martín o Carmen Boza. Descubrí, además, que yo era extrovertida.

Yo, que me pongo colorada, que no sé decir qué me gusta o qué me disgusta. Yo, que río muy alto como grito último de mi timidez.

Uno descubre siempre lo más relevante de sí mismo de quien menos se lo espera.

Yo te hacía confesiones, tú el amor.

– A veces me dan asco los perros, te dije una vez.

– A mí también, me contestaste.

Y yo me alegré, ¡qué alivio sentí! Hay mucha gente que piensa mal de aquellos que dicen cosas que se suponen feas de los animales. Descubrir que tú no eras de ese tipo, me gustó.

 

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