Baila, baila, baila.

2013-05-02 16.09.32

Quiero confesar. A veces he querido más a un libro que a una persona. Tuve un novio que me echó mal de ojo  y otro que desapareció dejando unos guantes de cuero. Eran feísimos; los cambié por unos Camper con los que bailé por todo Madrid, Segovia, Ciudad Real y Newcastle. Con los que besé a otros.

No suelo aprobar a la primera y me gustan las becas. Creo que deben basarse en igualar oportunidades, no resultados. Desobedezco, no me gustan las masas y me preocupan los gatos. ¡Están siempre encaramados a un árbol!

He saqueado una máquina expendedora sin emplear la fuerza, he ido al trabajo sin dormir, he mentido, me he saltado tantas clases como tornos y he corrido fuera de sitios habilitados. Tengo tres multas importantes en mi vida.

He estrellado un móvil contra el suelo y me han reventado el mío a mis pies, he ido a restaurantes de postín y he comido de prestado en aeropuertos y estaciones. He pasado inviernos sin calefacción, salido de fiesta con un euro y rellenado botellas de agua en baños públicios. Poca cosa.

No tengo un fondo, ni guardo para mañana. Además, llevo más de veinte años estudiando y no sé mucho. Ni siquiera sé bailar y no pego con los algoritmos, que es igual que bailar pero hay que seguir el ritmo con algunos números.

Quiero confesar. Me hubiera gustado ser nativa americana o bruja del Amazonas. ¡Ah! O nadadora profesional, eso sí que me hubiera gustado. Pero sobre todo me hubiera gustado ser músico. Tocaría el saxofón, o la guitarra o el bajo. O el acordeón, la trompeta, el banjo y el clarinete. Tocaría lo que fuera, en la calle, en casa o en un auditorio. En la playa.

Tocaría para desahogarme, porque sería lo que mejor sabría hacer o tal vez lo único que quisiese hacer. O simplemente pudiera ser que me apeteciese y ya está. Haría disfrutar a otros con mi música. Supongo que entonces conocería todas las claves, sabría solfear y mantendría el ritmo. Supongo que sabría colocar las manos o expulsar el aire.

Supongo. Pero por ahora, lo único que sé es lo mucho que chirría el oscuro soledad junto al rojo libertad. Lo que desentona mi alma amarilla, tan desafortunada sobre un escenario. No hay canción que cure tal pena, ni sonido que tape tal pálpito.

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