Tragedia en tres meses y siete platos

Nunca iréis a Noruega. No vas a comer las setas que encuentres ni a reíros de lo que ocurre en el Metro cuando hay que ir a trabajar.

No vas a conocer a sus hermanos ni verá el elefante que tienes en tu habitación. Olvídate de dibujaos bajo el Golden Gate o en cualquier restaurante de la Toscana. Nada de imaginar que visitáis el MOMA. No va a haber una casa. No vas a llegar cansada del trabajo deseando darle un beso. Ni al revés tampoco, claro.

Jamás iréis de la mano. Incluso me atrevería a decir que ni siquiera viviréis en la misma ciudad.

– ¿Te has convertido en cactus?
– No, en sauce llorón.
– Esos se encuentran siempre de forma aislada.
– Me muero.
– Duérmete.
– A media noche dormiré, dormiré sin que ya me aterren las escopetas o el cuchillo. Yo haré con mi sueño una fría paloma de marfil que lleve camelias de escarcha sobre el camposanto.

La ola de calor de 2017 la vas a vivir sin sus quejas, lo mismo que las Navidades de 2030. Prohibido ir de vacaciones, al teatro, festivales o a cenar a casa de unos amigos. Nada de ir al cine o compartir libros. No haréis la compra, ni ahorraréis, ni vais a bailar a lo loco en mitad de la noche. Eso sí, podrás decirle felicidades dos veces al año.

– Aquí. Aquí quiero estar. Y tranquila. Ya todos están muertos. Hemos de pasar días terribles. No quiero ver a nadie. La Tierra y yo. Mi llanto y yo. Y estas cuatro paredes. He de estar serena, porque vendrán las hienas y no quiero que me vean tan triste. ¡Tan triste! Una mujer que no tiene un momento contigo siquiera que llevarse a los labios.

Nada de campo, excursiones o barcos de vela. Además, tú te mareas. Ni hablar de bocadillos, queso o pera. Mejor, que a ti la pera no te gusta. Ni hijos ni vacaciones de invierno o cenas de empresa.

Nada de “no llegamos a fin de mes, hay que robar vasos, la vecina es una ruidosa, mi madre no quiere celebrar Semana Santa, baja la basura, ¿nos escapamos a París?, hay que pagar la luz. Y apagarla. Sexo”.

Podría enamorarme de cualquiera pensando en otra persona.
– Entonces sí que serías un cactus.
– Me favorece el verde, y las espinas me sientan de muerte.
– La moda es una tirana. Nos vemos arriba.
Espera, pregúntale si hubiera sido capaz de quererme.
No servirá de nada, ¿por qué quieres saberlo?
Sólo porque aseguran que en Navidad se dice la verdad.
– Pero a ti no te gusta la Navidad.
– Eso no importa.

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