Las mujeres de Raúl

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Ese de ahí es Raúl. A la izquierda está con las mujeres de su vida, a la derecha después del baño. Él, como yo, entra al mar con rabia. Sale con aplomo.

“Venga mi nene, vamos al agua que luego te gusta”, le dice su madre. Y Raúl, que es un jabalí atrapado en el cuerpo de un muchacho, se resiste y gruñe con fuerza pero yergue su cuerpo hacía el mar, con elegancia.

Mi madre se caga en Hans Berger, la de Christopher John Francis Boone maldice a Hans Asperger y sus logros. La de Paolo se murió, pero su abuela grita por ambas. La de Christy Brown no blasfemaba, lo mismo que la de Raúl que no insulta a nadie. Muy al contrario, habla con tanto amor que ha transformado la afección de su hijo en una anécdota.

La madre de Raúl es una mujer grande, rubia y de piel tostada. No dice ni un taco y a todo gesto lo acompaña una bonita mirada. Emana pasión y es de esas personas que no te importaría tener siempre cerca. Se mueve con la gracia de quien controla los límites de su cuerpo, revolotea siempre cerca de su muchacho y es capaz de reír a la vez que habla.

A Raúl lo oyes antes de verlo, emite un sonido continuo que es la combinación perfecta entre dos vocales y una consonante. Junto a la w usa la u y la o cuando la tensión domina la escena, reserva la h, la a y la o para cuando la emoción gana terreno. Es capaz de examinar durante horas el brik del zumo y su pajita para pasar sin ningún sobresalto a la arena de la playa o alguna arruga de su mano. No tiene prisa y posee el first certificate de observación algo que lo hace notablemente sensible. Y eso enamora.

Y yo, que me enamoro sin precauciones de quien me interesa, me bajo a la playa y busco a Raúl y sus mujeres. Clavo mi sombrilla y me quedo a su lado, a leer.

En la playa hay otros chicos, pero éstos juegan al fútbol. Le dan a la pelota tan cerca de nosotros que Raúl no puede menos que intensificar el volumen de su constante sonido. Es un aviso. Cuanto más peligro corren sus mujeres de recibir un balonazo más aúlla Raúl. Y yo, sin ser una de sus mujeres, ojalá, me salvo también de que me estampen el libro en la cara. Y entonces pienso. Pienso en lo absurdo de las estadísticas médicas y lo injusto de la realeza.

Que de la realeza son las mujeres de Raúl y las de Christopher, Paolo y Christy. Que corona deberían llevar esas madres y abuelas que pese a las estadísticas, o tal vez gracias a éstas, sacan adelante a sus héroes sin medalla. Que consiguen lo impensable y les llaman príncipes y princesas, porque son descendientes de la realeza que ya lo he dicho.

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