Domingo de flúor y oro.

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Melendi habla con su público. Les grita sus impresiones sobre el maltrato infantil, la pasión y el desempleo. Las drogas, la pobreza y el amor propio. Melendi les pide que contesten con un ‘ohhh’ y luego ya les canta. Sin garbo, con palabrotas y anhelando paracer el mejor de los reformados, el más tierno de los duros. Cerca del 90% de sus canciones incluye al menos una blasfemia. Melendi es como un diario bien llevado. Y es no tiene sentido.

Yo todo eso lo descubrí ayer, cuando en estado de conmoción tuve que asistir al concierto que el Ramón de Oviedo daba en mi ciudad, esa misma que se vistió de flúor y oro para recibir al cantautor. Domingo de gala.

Descubrí también que el rey de Asturias carga con una demanda por malos tratos psíquicos y físicos, que es el cuarto artista más escuchado del mundo en Spotify (en sesión privada) y que su atuendo, completamente blanco, era del mismo color que una de las drogas que más ha usado. Otras veces utiliza el verde marihuana, que también le resalta los ojos.

Lo más aterrador para mí fue darme cuenta de como uno no puede decidir cerrar los oídos sin más, como se cierran los ojos. Eso y que mayores y pequeños eran perfectos conocedores de sus canciones, se saben las letras y las emplean en su día a día. Y eso cala. Porque ellos, los de flúor y oro, tribales y verde marihuana, ahora saben que “las señoritas se asustan si se les habla de boda”, que “con la droga te das una ostia” y que uno puede “pasarse todo el día bebiendo y por la noche pegado a una botella”, que hay “putas con horario de oficina” y que el hombre puede ser Robinson, pero a la mujer le toca ser Viernes. ¿Habrá leído Melendi a Defoe?

Aunque no lo parezca yo estoy encantada con el cantautor que un día conferasa a El País que “vocalmente no quería aprender más de lo que sabía”. Estoy obnubilada, embelesada, fascinada, extasiada. Sí, porque hoy cuando los de mate y azabache vayamos a ver a Alaska sabremos que dificilmente tendremos que lidiar con los de flúor y oro. Y de Alaska se pueden decir tantas cosas como de Melendi, Sabina, Belle and Sebastian, U2, Mumford and Sons, Battiato o cualquiera que se exponga a las inclemencias del público. Y no pasa nada porque yo una vez leí que si nos encierran nos separan por gustos musicales.

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