El agua embrutece

Si alguien, así al azar, quisiera estudiar el comportamiento humano a nivel mundial lo tendría muy fácil. No importa en qué parte del mundo decidiera hacer su estudio, los resultados serían tremendamente parecidos. Y todo sin tocar un libro siquiera. Bastaría con que el valiente ese se plantara, con todo su valor, en una piscina. En cualquier piscina del ancho planeta, lo mismo daría que fuera una de Pekín con sus madres chinas y sus adolescentes chinos y sus toallas chinas que una de Brazatortas, que es un pueblo que me gusta a mí mucho y que también tiene sus toallas chinas y todo.

Daría lo mismo porque ya se sabe que allí o aquí pisicna viene del latín pis -orina- y cina -abrev. hacinado-. Y si a esas joyas de la raza humana se le suman otras como púber, socorristas, Mortal Kombat 9, desnudez, viejo verde, bocatas de chorizaco y abuelas lo menos que te puede pasar es que quieras ahogarte junto a los restos humanos que hacen remolino en el medio de la piscina.

Aunque para ser justos los restos esos pasan desapercibidos sin gafas de bucear. A menos claro que un escupitajo se te quede pegado al brazo o se te enrede el pie en una maraña de pelo humano. Pero bueno a lo que íbamos, que ni estudios avanzados en sociología o cátedras en antropología. Que basta con ir a la piscina, o incluso a la playa porque lo que embrutece es el agua.

Una se va con su bikini y su toalla y descubre aterrada como adolescentes mazados u obesos, que esos no tienen término medio, se te lanzan en picado para demostrarte su incipiente virilidad. Y tú más que apreciarla temes por tu vida, que te cae uno de esos encima y no lo cuentas. Y eso es así de Mendoza a Cantalejo. O como los viejos se tienen estudiados qué bikinis se caen al lanzarte al agua. Que los hay con gafas de bucear y todo.

Una va a la piscina y descubre el valor del terriotorio. Vale más el que tiene sombra, y eso las abuelas lo saben y lo conquistan a golpe de bolso. O las madres, que digievolucionan en águila y meten hasta la campanilla misma de sus polluelos bocadillos de chorizo que ríete tú de las hamburguesas del Foster. Ahora, que más han digievolucionado sus polluelos que en su deseo de vivir y no percer ahogados por el peso de los alimentos en su barriga han desarrollado un efectivo método de desintoxicación que pasa por transformar el bolo alimenticio en pis y mearse a cada brazada con gran disimulo. Aunque eso no es nada comparado con los rebaños de jovencitas que sitian los bordillos o la parte que no cubre móvil en mano. Si no quieres problemas, ni se te ocurra pasar por delante y estropear alguna de sus mil tomas para el Tuenti. Sesión acuática que lo llaman.

Y una que se cree fuera del ciclo de la vida este se para a pensar y se da cuenta de que nada de eso. Estamos todos hasta el cuello. Que aquí está una haciéndose largos como una loca para ganarse el chiringuito.

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