Día septuagésimo quinto. Dalsy, Tirmas y otras drogas.

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Ayer estuve a punto de morir infartada. Y eso que estoy acostumbrada a sobresaltarme porque soy de lo más impresionable; es fácil asombrarme y con nada me quedo al borde del éxtasis porque cualquier cosa me parece increíble. Bueno pues ayer tuve que agarrarme a la puerta de la habitación de las niñas para no desfallecer de la impresión.

Entrevista es drogadicta. Pero drogadicta de verdad, con su jeringuilla y todo.

Está enganchanda al Dalsy y anoche, en la intimidad de su habitación, entre sus muñecos y su falda de princesa, la encontré a punto de tomarse su segundo chute de jarabe. Como buena drogadicta me miró suplicando un perdón que yo no podía darle, me habló prometiéndome su desintoxicación. Si yo no se lo decía a su madre esa sería su última dosis. ¡Ja!

Y es que, además de impresionable soy crédula. Sucumbo a cualquier promesa que suponga una oportunidad para un adicto. Así que se lo prometí. Ahora tenemos un secreto.

No nos engañemos, se lo prometí porque me interesa contar con esa ventaja, con ese poder de chantaje. Pero sobre todo se lo prometí para que cuando un día ella descubra mi adicción estemos en tablas y no pueda delatarme.

Soy una yonki de las Tirmas, de la leche de este bendito país, los cereales y las muffin que han inventado más arriba de la península.

No sé cómo se las arreglará Entrevista cuando su madre note que el jarabe ha bajado a un ritmo desorbitado, tendrá sus trucos digo yo. De momento yo me las apaño echando la culpa a Crónica, que como no puede hablar bien me sirve de tapadera.

– Qué raro, qué rápido se acaba la leche y los cereales, reza en alto la madre de la pequeña drogadicta.

– Sí, ¿verdad? Es que ayer Crónica no quiso la leche y tuve que tirarla. ¡Ah! Y después de abrirlo y todo tampoco quiso los Frosties, el bizcocho y las galletas con relleno, miento yo que soy más yonki que su hija.

De momento Entrevista y yo nos vamos salvando, y si hace falta rezaremos y todo. Y aunque anoche estuviera a punto de perecer de la impresión que da ver a una mini drogadicta en acción, me alegra conocer la verdad. Ahora entiendo porque la niña ésta es tan irascible a veces, está pasando el ‘mono’. Ahora sé que sucede realmente con la pequeña delincuente cuando su madre le dice: “Entrevista, hija mía, yo no sé que te pasa que estás que no te reconozco”. Entrevista está hasta las cejas de Dalsy señora.

Ahora tengo un poder mayor sobre la criatura, pues controlando el Dalsy puedo controlar su comportamiento y conseguir maravillas. Que digan lo que quieran los educadores, los psicólogos y los padres, no hay nada como un niño adicto.

No hay nada como un niño adicto y una cuidadora yonki.

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