Día quincuagésimo primero. All-Bran se cubre de gloria.

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Todo lo que mi madre tiene de antisistema, anticonsumo, anticorporación y mil ‘antis’ más lo pierde en el supermercado. Oye, es un espectáculo digno de Redes.

A la mujer se le nubla la vista, deja de lado todos sus valores y empieza a sustentar todas las marcas que desde el estante le reclaman con mensajes claros y directos. ¡Pruébame! ¡Nuevo! ¡Súper rico y efectivo! ¡Llévame a casa! ¡Cómprame!

Y mi señora madre, que ya te digo ella en un supermercado es como Superman en una habitación llena de kriptonita, nos viene a casa con un montón de productos tan innovadores como horribles. Que yo creo que las grandes marcas ya saben que en nuestra ciudad tienen asegurado un test de mercado y hacen los mensajes exclusivamente para mi progenitora. Y lo que no saben esas grandes marcas es que las vícitmas somos nosotros, los niños insensibles que se tienen que comer todo lo que mi madre desecha cuando llega a casa y se le ha pasado el efecto anestésico que le produce el Mercadona.

Bueno, pues hace poco llegó mi madre del super, aún en estado de embriaguez, y dejó sobre la mesa uno de sus más recientes descubrimientos. Una caja de cereales de caca con vainilla.

La caca no se sabe muy bien de que animal es, pero vamos que caca es. No cabe duda, que he hecho la prueba empírica. Le dejé a mi abuela un trocito de estos durísimos cereales de caca sobre su césped y la pobre mujer sólo pudo maldecir al cagón anónimo.

El invento de la caca embolsada para desayunos y meriendas es de All-Bran, una gran marca que basa sus diseños en todo tipo de excrementos. Alargados, de bola, en cilindro… Ahora que estos ‘Crujientes’ se llevan la palma.

Y ahora mi madre, que sobria rechaza todo lo que compra en shock, no quiere la caca crujiente que adquirió bajo el influjo del Mercadona. Y ahora cada vez que salimos por la puerta nos grita que de su casa no salimos sin llevarnos al menos 200 gramos de caca nutritiva, que mientras estemos bajo su techo se come lo que ella diga, que para eso es la madre. Y nosotros, los niños insensibles, sufrimos. Que esos cereales de duros que son raspan al pasar por el esófago.

Ahora, que todo tiene solución menos la muerte y nosotros somos niños muy espabilados. Hemos descubierto que si cantamos ‘mercadoonaa, mercadoonaa’ mi madre pierde sus valores, alcanza el nirvana y come todo lo que compra sin rechistar, y todos más a gusto que un arbusto.

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