Día decimosexto. Inventos del demonio.

El fuego, la rueda, la agricultura. El alcantarillado o las conservas en salazón. El ábaco y el código Morse. Inventos geniales de la historia.

Pero luego llegó el diablo e inventó el inglés, las grasas saturadas y los captcha del infierno. Además, hizo que los oídos no se pudiesen cerrar como cierras los ojos, que un ángulo de la espalda quedase siempre fuera del alcance de las manos y que las corvas fueran altamente inflamables al contacto con el sol. Y no contento con ello, el diablo creó la samba.

Por dios y su santa madre. Prefiero hacer dos integrales, una derivada, traducir del francés o comer leche sola con nata, pero bailar samba es más complicado que sacarse una oposición. ¿Quién es capaz de mover tantas partes de su cuerpo a la vez y no morirse descoyuntado?

Mi hermana, que es una tía de lo más sana y está convencida de mi posibilidad de serlo, me llevó el otro día a una clase de samba. Esa clase forma parte de un programa para que los jóvenes no beban y sean sanos, bueno pues yo me compré una litrona antes de ir al programa de desintoxicación juvenil ese. Porque, oye, una cosa es que una baile lo descoordinada y estática que quiera y otra, muy distinta, que una señora en tanga te de instrucciones ante un grupo de gente sobria y a plena luz de foco de gimnasio.

Lo primero que pensé es que de esa no salía. Hay que moverse tanto que creo que llegué a tocarme el ángulo inaccesible ese de la espalda. Eso o alcancé el nirvana.

Luego creía que me ahogaba, pero pensé en mis lorzas y me esforcé por no desmayarme. Y por último, y cuando el grupo aquel y yo ya no éramos un todo desde hacía un buen rato, me di cuenta de algo muy importante. Los demás estaban ciegos de felicidad. Mi hermana y los otros estaban tan contentos con su samba diabólica que habían dejado de verme. Podía marcharme. Era libre.

Aunque no me quitase nunca mis michelines, pero por mis carnes que yo me iba un lugar oscuro, con sabor a cerveza y bailes pésimos. Eso sí, cada vez que vea a un brasileño le haré una reverencia y lloraré de admiración.

rumba

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